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El mercado de banda ancha ("broadband")
para Internet no ha seguido las pautas de los
mercados de larga distancia y celulares. ADSL
(Asymmetric Digital Subscriber Line) es una de
las tecnologías más populares para
conexiones de alta velocidad porque permite usar
los mismos cables de cobre que se usan para líneas
telefónicas residenciales pero al no pasar
por el conmutador (switch) para llegar al ISP
no está limitado a los 56 Kbps de las conexiones
tradicionales. ADSL permite velocidades de hasta
9000 Kbps (el límite más típico
es 1500 Kbps por limitaciones de distancia) y
permite transmitir voz usando otra frecuencia
en la misma línea, permitiendo al abonado
usar Internet y hacer llamadas con el mismo par
de cables telefónicos que usaba para el
teléfono. Una interpretación simple
de la Ley de 1996 indicaría que las compañías
telefónicas están obligadas a permitir
a sus competidores usar estas líneas usando
tarifas basadas en su costo.
Desafortunadamente, las compañías
telefónicas han argumentado ante el FCC
que a medida que los requisitos de banda ancha
aumentan, se necesitan inversiones significativas
en nueva infraestructura. Si el mercado eventualmente
va a requerir sobre 10 Mbps esta cablería
de cobre debe ser sustituida por fibra óptica
u otra alternativa. Esto motivó el proyecto
de ley Tauzin-Dingell
a principios del 2002 para regular la competencia
en broadband con criterios diferentes que los
que se usan en otros componentes de la infraestructura
telefónica. Este proyecto aún no
se ha convertido en ley y ha sido fuertemente
criticado
por proteger las compañías telefónicas
a costa del consumidor. El proyecto Breaux-Nickles
es otro intento en esta área que tambien
ha sido criticado.
Un estudio
de Stanford demuestra que los argumentos usados
por las compañías telefónicas
no son válidos y lo que hacen es atrasar
el avance del mercado de "broadband"
limitándolo a los niveles de precio y servicio
que quieran ofrecer las compañías
telefónicas. Tampoco es justo restringir
el uso de cablería existente con el pretexto
de justificar una inversión futura en nueva
infraestructura. El mismo argumento se pudiera
hacer en otros mercados como los de larga distancia
y celulares donde sería totalmente contraproducente
para el consumidor.
En Puerto Rico la compañía telefónica
(donde Verizon
es el accionista principal) comenzó a instalar
circuitos ADSL en volumen durante el verano de
2001. En ese momento la situación regulatoria
aparentaba requerir acceso igual por lo que extraoficialmente
su gerencia indicaba que los abonados tendrían
libre selección en ADSL para fines de 2001.
Después del proyecto Tauzin-Dingell, la
compañía telefónica regresó
a las tácticas monopolizadoras previas
a la Ley de 1996 y no ha ofrecido esta libre selección
de ISP a sus abonados de ADSL. Esto quiere decir
que no hay compañía en Puerto
Rico que pueda ofrecer mayor velocidad o mejores
precios en ADSL usando la cablería residencial
existente. Esto hace que ofrecimientos de
768 Kbps por $ 40 mensuales, comunes en EU, no
estén disponibles en Puerto Rico. La experiencia
en Corea hace claro que bajas tarifas son clave
para hacer el acceso de alta velocidad accesible
en alto volumen. Allá la competencia ha
producido tarifas tan bajas como $ 25 mensuales,
nivel que no sería posible en Puerto Rico
con la presente actitud monopolizadora de la compañía
telefónica.
Aunque es uno de los accionistas principales
de la compañía telefónica,
el gobierno local no ha tomado acción para
promover la libre competencia y lograr este gran
beneficio para el pueblo. Sin una intervención
gubernamental o una protesta masiva de los consumidores
estamos obligados a aceptar lo que la compañía
telefónica esté dispuesto a ofrecernos,
irrespectivo de que sea o no competitivo con ofrecimientos
en otros lugares. La legislatura puede requerir
a la compañía telefónica
abrir el mercado de banda ancha basado en principios
de libre competencia y justicia social.
Rev: 30-Oct-02
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